En 2025, la Biblioteca de Kingston se planteó un objetivo sencillo pero ambicioso: escuchar. Reunimos a residentes de toda la ciudad para hacerles una pregunta: ¿En qué tipo de Kingston te gustaría vivir? Entre las personas que participaron había adolescentes y personas mayores, inquilinas y propietarias, migrantes y habitantes de toda la vida de Kingston, gente agobiada por la presión económica y personas que dirigen organizaciones locales.

Aprendimos que nuestres vecines tienen mucho que decir: sobre la conexión más allá de las divisiones de la ciudad, sobre las personas jóvenes que necesitan más lugares a los que pertenecer, sobre la información que no llega a todes por igual y sobre lo que hace falta para sentirse verdaderamente a gusto aquí.

Lo que nos sorprendió fue lo importante que resultó el proceso en sí. Las conversaciones fueron enriquecedoras, a menudo conmovedoras y llenas de momentos que nos recordaron por qué vale la pena hacer este trabajo. Queríamos honrarlo plenamente, así que compartimos la historia completa. Lee el informe para saber qué descubrimos y cómo va a dar forma al trabajo de la biblioteca en los próximos años.

Resumen ejecutivo

En 2025, la Biblioteca de Kingston llevó a cabo un proyecto de un año de duración para escuchar a la población y comprender qué desea para el futuro de su ciudad. A través de conversaciones comunitarias, entrevistas individuales y una sesión virtual, el Comité de Plan Estratégico recabó las opiniones de 43 residentes de Kingston de distintas edades, niveles de ingresos, procedencias y vecindarios.

Emergieron temas claros: la población desea conexiones más sólidas que trasciendan las divisiones de la comunidad, un mejor acceso a la información dispersa, más apoyo para la gente joven y migrante, vías de acceso a oportunidades económicas y sistemas cívicos más fáciles de utilizar. Consideran que la biblioteca es un centro de confianza que puede ayudar a abordar estas necesidades.

Los resultados obtenidos orientarán la dirección estratégica de la Biblioteca de Kingston en los próximos años, dando forma a programas y servicios centrados en las voces y aspiraciones de la comunidad.

Introducción

En enero de 2025, la Biblioteca de Kingston inició un año dedicado a escuchar a través de una serie de conversaciones comunitarias. El proceso consistió en “ver desde afuera” y escuchar atentamente a la población de Kingston para que el futuro de la biblioteca refleje las esperanzas, inquietudes e ideas reales de la comunidad. A través de conversaciones inclusivas en toda la ciudad, recopilamos opiniones e historias para orientar un nuevo plan estratégico de la Biblioteca de Kingston verdaderamente centrado en la comunidad.

El proyecto fue dirigido por un Comité de Plan Estratégico formado por voluntariado, compuesto por integrantes de la Junta Directiva de la Biblioteca de Kingston, personal y líderes comunitarios. Dado que nuestro objetivo era ser una biblioteca verdaderamente centrada en la comunidad, en lugar de preguntar: «¿Qué debería hacer la biblioteca?», preguntamos: «¿En qué tipo de Kingston desea vivir?».

Como comité, decidimos dónde y cuándo organizar las conversaciones mediante un proceso deliberado de debate y votación, para que pudiera participar el mayor número posible de residentes. Nos pusimos en contacto y colaboramos con organizaciones comunitarias, entre ellas el Centro Comunitario LGBTQ+ del Valle del Hudson, el Centro de Bienestar y Empoderamiento de People’s Place y la Burbuja de Broadway, para organizar los encuentros. 

Difundimos la iniciativa a través de periódicos y emisoras de radio locales, listados de eventos, redes sociales, folletos en los tablones de anuncios de la comunidad y de boca en boca. Los eventos eran gratuitos y no requerían inscripción. En cada uno de ellos acudimos con ganas de escuchar lo que se diría, con comida generosamente proporcionada por les Amigues de la Biblioteca de Kingston. Mientras todes degustaban bagels y bocadillos, queso y galletas saladas, pizza y brownies hechos en casa, escuchábamos.

Incluso ahora, años después de que se hayan levantado las restricciones de la pandemia, la «epidemia de soledad» continúa y sabemos que nuestres vecines sufren. En este contexto, el simple hecho de reunirnos en una sala es un pequeño triunfo: elegir pasar tiempo sin la distracción constante de las pantallas, para hablar y ser escuchades. Si ese fuera el único objetivo, bastaría. Pero estas conversaciones también dieron forma a un nuevo plan estratégico para la biblioteca, uno que se centra deliberadamente en las voces, las necesidades y las aspiraciones de la comunidad.

Nos guiamos por el marco «Turning Outward» (ver hacia fuera), desarrollado por el Instituto Harwood para la Innovación Pública. Este marco insta a las instituciones a comprender mejor a sus comunidades, a remodelar los hábitos internos para centrarse más en ellas, a ser proactivas en los asuntos comunitarios y a dar prioridad a las aspiraciones de la comunidad.

Entre cada conversación, el comité se reunía un martes al mes en la biblioteca para procesar y debatir lo que estábamos aprendiendo, y para considerar cómo llegar a aún más personas. Así fue como decidimos añadir una sesión virtual para que la salud, los horarios y el transporte no fueran un obstáculo para que se escucharan sus opiniones. De esta forma también incorporamos conversaciones individuales con líderes comunitarios y empresariales, así como con otras personas.

Además, nos la pasamos muy bien, compartimos más delicias caseras y llegamos a conocernos como vecines. Comenzamos como un comité y terminamos como amigues.

De quienes escuchamos

3

organizaciones asociadas
6

conversaciones comunitarias
10

conversaciones individuales
43

participantes
80

páginas de notas

 

Hablamos con cuarenta y tres residentes de Kingston —tanto residentes de toda la vida como recién llegades— que reflejaban una amplia gama de experiencias vividas: alquiladores y propietaries, adolescentes y personas mayores, cuidadores, organizadores locales, empresaries y líderes de organizaciones sin fines de lucro. Entre les participantes había personas en situación de inseguridad de vivienda y preocupadas por el aumento del costo de los alimentos, así como personas que dirigen organizaciones y pequeñas empresas.

Nos hubiera gustado poder llegar a más personas de la comunidad. Al mismo tiempo, reconocemos que, en estos tiempos difíciles, muchas personas están al límite de sus posibilidades, y participar en un diálogo comunitario puede parecer imposible. Como comentó una persona sobre sus vecines: «La mayoría de las personas que viven en mi complejo tienen entre tres y cuatro trabajos, todos con un salario inferior a 18 dólares la hora».

 «Es difícil porque quieren mejorar las cosas, pero no tienen el tiempo para lograrlo».

Nuestro compromiso ahora es honrar a todo el vecindario de Kingston sintetizando lo que hemos aprendido para diseñar programas que sirvan mejor a todes, y seguir escuchando a medida que avanzamos.

A lo largo de estas conversaciones, surgieron patrones claros.

Independientemente de su edad o procedencia, las personas expresaron la necesidad de conexión, el deseo de sentirse seguras en los espacios públicos, la necesidad de un mayor apoyo para las personas adolescentes, mayores, inmigrantes y propietarias de pequeñas empresas, así como su preocupación por cómo circulan la información, el poder y las oportunidades en Kingston. Observamos que todas las personas participantes compartían un compromiso con Kingston y con el bienestar de sus vecines. A menudo se quedaban un rato más para charlar; parecía que todes teníamos mucho que decir.

A continuación se presenta un resumen de lo que escuchamos con mayor frecuencia y más intensidad. Estos temas constituyen la base de la dirección estratégica de la Biblioteca de Kingston en los próximos años.

Conexión real, no aislamientos

Las personas tienen un gran deseo de establecer conexiones genuinas más allá de la edad, la raza, la clase social, la cultura y la política. Muchas sienten que Kingston se ha fragmentado: entre recién llegades y personas que llevan mucho tiempo aquí, entre empresas y residentes, entre jóvenes y personas mayores; diferentes grupos que no suelen relacionarse entre sí.

Une adolescente participante reflexionó sobre cómo se manifestaba esa fragmentación en su propia cuadra: «Una cosa con la que he luchado es la gentrificación. Siempre fue costumbre organizar fiestas en la calle. Ahora, hay un cambio cultural. La gente no se limitaba a decir ‘hola’. Esa es la cultura de Nueva York».

Desde la pandemia, la vida social parece a menudo inalcanzable, con menos clubes, ligas juveniles y vínculos informales de vecindad. Quienes participan valoran enormemente —y desean más— «terceros espacios», donde aún es posible establecer vínculos: lugares como la biblioteca, los parques de la ciudad, los centros comunitarios, las redes de ayuda mutua y las reuniones informales.

Hay quienes ven cómo las rutinas intencionadas y las actividades compartidas pueden reconstruir lo que se ha perdido: «Llevo aquí tres años y medio. He construido mi comunidad a través de eventos habituales. Tengo amistades en la comunidad ciclista y asisto a un juego semanal de preguntas y respuestas. El lugar donde se construye una comunidad es en las actividades regulares».

Un líder de la comunidad describió los «cafés de la paz» —reuniones facilitadas en las que se rotan las mesas en torno a preguntas compartidas— como un modelo que la biblioteca podría acoger. Otra persona describió cómo unirse a una liga de cornhole le llevó a entablar relaciones genuinas con vecines cuyas ideas políticas diferían considerablemente de las suyas: a lo largo de los meses, observó cómo los prejuicios se iban atenuando gracias a la proximidad. Ambos sugirieron que la conexión se produce menos a través de programas formales que a través de una convivencia constante y sin grandes expectativas.

Otra participante describió las ricas tradiciones que ya tiene su comunidad: la salsa y el merengue, el Carnaval y las fiestas patronales, las tamaladas y los asados, los círculos de tambores y la vida social al aire libre. No se trata de aficiones, dijo, sino de vías de sustento. 

A través de comentarios como estos, surgió la imagen de una ciudad que aún cuenta con los elementos básicos para la conexión —la facilidad para andar a pie, los terceros espacios y el espíritu de vecindad—, pero que necesita una integración más intencionada que trascienda los sectores aislados. La Biblioteca de Kingston puede contribuir reforzando su rol como «sala de estar» neutral para toda la ciudad.

El servicio y el voluntariado son fundamentales para la vida cívica

Kingston cuenta con una sólida cultura de servicio, pero muchas personas consideran que necesitamos más personas. Existe una preocupación especial por involucrar a las personas jóvenes y recién llegadas, que a menudo desean ayudar pero no saben por dónde empezar o no han sido invitadas personalmente.

Algunes participantes reflexionaron sobre el valor acumulativo del servicio: «Quiero que todes se sientan parte de su comunidad. Si siento que mi participación tiene un impacto, estaré más dispuesto a participar en los eventos locales». Otres relacionaron ese sentido de pertenencia con el empoderamiento: «Esto no es solo un lugar donde vivir: es su comunidad, su hogar. Debe sentirse empoderade para imaginar lo que desea».

Para otras personas, el servicio es también una forma de hacer frente al dolor y la injusticia cuando los sistemas parecen inamovibles: «Hago mi parte colaborando como voluntaria en un par de juntas directivas. Si alguien necesita que traduzca, estoy ahí. No sé qué hacer ni cómo mejorar el país. Por eso soy voluntaria, no porque tenga tiempo, sino porque quiero que no duela tanto».

Un líder cívico con amplia trayectoria señaló una carencia concreta: las personas recién llegadas —en particular las profesionales de entre 35 y 50 años de edad que se mudan desde el área metropolitana— desean participar, pero no han recibido una invitación personal. La Cámara de Comercio del condado de Ulster ya está tendiendo puentes en este sentido a través de su evento anual «Leap of Kindness Day», que conecta a las empresas afiliadas con organizaciones sin fines de lucro locales. La dirección de la Cámara expresó su interés en la biblioteca como socia para canalizar a más personas al servicio.

En conjunto, estas voces apuntan a una comunidad que no ve el servicio como una obra de caridad, sino como una responsabilidad compartida y un camino hacia el bienestar colectivo. La biblioteca puede apoyar esta iniciativa facilitando el acceso a oportunidades significativas y la participación en ellas.

La información está dispersa; la gente quiere un punto de referencia central

Les residentes dicen que es difícil saber qué está pasando en Kingston a menos que ya se esté «al tanto». La información está dispersa en las redes sociales, el boca a boca y en noticias sujetas a pago, y no llega a todas las personas por igual, especialmente a quienes carecen de una conexión a internet confiable o no tienen acceso a internet.

Las organizaciones hacen un gran esfuerzo, pero a menudo trabajan de forma aislada, lo que a veces da lugar a una duplicación de esfuerzos. Muchas personas señalaron que la biblioteca es un lugar neutral y de confianza en el que se puede establecer un sistema de información coherente.  Una persona lo imaginó así: «Pienso en lugares como la biblioteca, los centros comunitarios y Radio Kingston. ¿Y si los juntáramos en un mismo lugar al que la gente sabe que puede ir para obtener información y establecer conexiones?».

Otras personas expresaron su deseo de contar con coordinación y herramientas prácticas: «Me gustaría que más organizaciones colaboraran para crear un centro de información con más recursos —un sitio web, una aplicación móvil, un calendario comunitario completo— que permitiera interactuar con la gente de manera sencilla y eficaz».

Les residentes también señalaron que actualmente hay una gran variedad de fuentes de información: «Somos una de las pocas comunidades que todavía tiene un periódico local, aunque puede que eso no dure mucho. El alcalde envía un boletín semanal y me gustaría que más gente estuviera al tanto de ello. También hay un tablero de anuncios en la biblioteca, un centro comunitario en el almacén de armas y un centro para personas mayores donde se comparten noticias y conversaciones». Sin embargo, incluso los mejores recursos pueden pasar desapercibidos para algunas personas: «Hace poco instalaron un quiosco fuera de [People’s Place]. Está muy bien pensado, pero si no pasas por allí a pie, no vas a poder acceder a él».

Estos comentarios refuerzan una idea central: Kingston no solo necesita más información, sino también vías de acceso más claras y equitativas a esta, y la biblioteca está en una posición ideal para ayudar a crear un centro de referencia.

Inclusión, dignidad y a quién se le da voz

La gente quiere que Kingston sea un lugar donde todas las personas sean tratadas con respeto y dignidad, independientemente de su cultura, idioma, nivel de ingresos, edad, identidad o capacidades. Una de las personas participantes describió a Kingston como «una comunidad unida, afectuosa, solidaria y con muchos recursos».

Para algunas personas, las acciones de inclusión más simples pueden marcar una gran diferencia: «Lo bueno de Kingston es el esfuerzo que hace la comunidad por acoger a las personas de habla hispana. El boletín del alcalde está en español y los formularios oficiales están en ambos idiomas. Tenemos periódicos y emisoras de radio. Soy una persona hispana y ciudadana naturalizada. Eso me hace feliz».

 Al mismo tiempo, muchas personas se preguntan si nuestro discurso sobre la «diversidad» realmente refleja quiénes integran presentes en la mesa. Entre las brechas que han salido a la luz se incluyen:

  • Se habla más de les adolescentes de lo que se les involucra directamente
  • La soledad de las personas mayores y de la juventud
  • Barreras y dificultades para navegar por los sistemas que enfrentan les residentes inmigrantes
  • Les residentes con bajos ingresos y las personas que no utilizan internet no están representados en muchos espacios de planificación

Al escuchar al resto de les participantes, une de elles resumió una aspiración compartida: «Al escuchar lo que dicen les demás, quiero vivir en una comunidad donde las personas se traten con compasión. Debemos crear vínculos en lugar de divisiones y encontrar formas de colaboración».

Les residentes de origen latinoamericano añadieron una perspectiva espacial: el área de Uptown les parece demasiado pulida y gentrificada, lo que les da la sensación de que no es un lugar para elles. El área de Midtown, por el contrario, les hace sentir como en casa: es un lugar diverso y sin pretensiones.

Para la Biblioteca de Kingston, estas reflexiones resaltan que la inclusión no se limita a un lenguaje o letreros de bienvenida, sino que tiene que ver con  quién se invita a participar, a quién se apoya para que se quede y cuyas voces contribuyen a dar forma a las decisiones.

Les adolescentes y adultos jóvenes necesitan lugares donde sientan que pertenecen

Les participantes jóvenes describen la biblioteca como un lugar seguro y acogedor que cuenta con recursos valiosos. Quieren más espacios gratuitos o de bajo costo, aparte del hogar y la escuela, donde puedan pasar el rato, explorar cosas nuevas y ser elles mismes.

Une adolescente que participó en el estudio explicó: «No hay suficientes actividades para la gente joven, no solo eventos, sino también actividades al aire libre y otros tipos de encuentros . Una madre local comentó: «Tengo dos hijos adolescentes. No hay actividades para ellos. No tienen nada que hacer». Otre adolescente que participó en el estudio describió los espacios terceros de esta manera: «No es tu casa ni es el trabajo. Es un tercer espacio. Muchas veces, [estos] espacios surgen en la escuela preparatoria, junto con todo lo que eso conlleva, como los deportes y los clubes».

Las familias de educación en el hogar se sienten excluidas de los deportes, los clubes y los eventos escolares, a pesar de pagar impuestos y cumplir con los requisitos estatales. Muches jóvenes se desplazan por la ciudad a pie o en bicicleta y les preocupa la seguridad, la iluminación y el tráfico. Las personas adultas también perciben que les jóvenes tienen menos vínculos sociales tras la pandemia, aunque se observan señales de un nuevo interés cuando se les invita a participar.

Estas reflexiones apuntan a una función clara para la biblioteca y otras instituciones: crear más espacios intergeneracionales y de fácil acceso en los que se acoja activamente a las personas jóvenes y se les incluya en la configuración de lo que sucede.

La presión económica y rutas hacia las oportunidades

Los costos de vivienda y el costo de vida en general son motivos de gran preocupación. Muches residentes consideran que la falta de vivienda es una crisis existencial. La gente quiere tener acceso a empleos mejor remunerados, así como a la educación y las certificaciones que esos empleos exigen.

Les padres que trabajan, las personas con salarios bajos e inmigrantes necesitan opciones flexibles: clases nocturnas, los fines de semana o en línea, que no les obliguen a elegir entre sus ingresos y la educación. Les inmigrantes profesionales pueden llegar con una amplia experiencia, pero se enfrentan a enormes obstáculos a la hora de hacer valer sus títulos aquí. A les propietaries de pequeñas empresas les resulta difícil encontrar y gestionar subvenciones y programas de apoyo.

Las dificultades económicas también se entrecruzan con el transporte y el cuidado familiar: «Mi hermano tiene esquizofrenia. Recibe ayuda del HUD, pero yo tengo que ocuparme personalmente de todos los trámites. Debería ser obligatorio que la gente viajara en autobús para que viera lo que es».

Algunas personas hicieron una comparación entre la situación actual y la de épocas pasadas: «Cuando terminé la preparatoria, con un trabajo de salario mínimo te alcanzaba para pagar un apartamento. Ojalá eso siguiera siendo así». Otras hablaron directamente de los obstáculos para mejorar sus habilidades: «Sería bueno que tuviéramos la oportunidad de estudiar y obtener certificaciones. Fui a BOCES y pregunté. Serían clases de diez de la mañana a doce del mediodía durante dos años. Me gustaría hacerlo, pero no puedo ir a esa hora y trabajar al mismo tiempo».

En medio de estas presiones, algunas personas expresaron un deseo más amplio de equidad y transparencia: «Quiero vivir en una comunidad con menos vigilancia y alquileres más bajos, donde la gente realmente pueda permitirse vivir. Debería estar más interconectada, donde la gente se preocupe por Kingston y entienda cómo funciona, tanto en lo político como en lo empresarial». Otra persona lo resumió así: «Creo que lo que más me preocupa es el aumento del precio de las cosas. Hay una gran diferencia entre lo que podemos permitirnos y quién está comprando estos productos».

El acceso a las escuelas, las instituciones gubernamentales, los trámites de licencia y las subvenciones suele ser confuso y poco flexible. Este es el tipo de obstáculos que un intermediario de confianza, como la biblioteca, puede ayudar a las personas a navegar con más confianza.

Los espacios que compartimos

Les residentes asocian el aspecto y el ambiente de los espacios públicos con la seguridad, la dignidad y el orgullo. Desean un mejor alumbrado público , señales más claras, aceras y bancas en buen estado, zonas verdes y espacios públicos limpios.

La gente tiene opiniones diferentes sobre el arte público y el diseño del paisaje urbano. Algunas personas ven los murales como signos de vitalidad, mientras que otras los consideran una forma de grafiti que debería restringirse. Los espacios públicos como la playa Kingston Point, se perciben como descuidados, pero con mucho potencial. Se expresó preocupación por la presencia visible de personas sin hogar y el consumo de drogas, junto con el deseo de que se adopten respuestas humanas y no punitivas.

Les residentes describieron vías peatonales que consideran inseguras por la noche, paradas de autobús sin marquesinas y esquinas donde se acumula la basura. Otres destacaron mejoras pequeñas pero significativas, como las flores plantadas por les vecines, la reparación de las bancas o el buen estado de una cuadra, como señales de que el lugar está bien cuidado.

La vida civil es para todas las personas

Les residentes quieren que el cambio se aborde como un «maratón, no como una carrera de velocidad» —con planes plurianuales y un seguimiento constante, y no solo con proyectos esporádicos—. Algunas personas expresan su frustración por la forma en que se toman y se comunican las decisiones, y desean que los líderes logren un equilibrio entre las preocupaciones medioambientales, económicas y de seguridad.

Hay un gran interés en el aprendizaje cívico: saber cómo funcionan los sistemas locales, cómo se toman las decisiones y cómo la gente en general puede influir en ellas. La gente pidió más oportunidades para aprender sobre los procesos municipales, los presupuestos y los consejos de administración, no solo en entornos formales, sino también en formatos accesibles y conversacionales. Esto sugiere que la biblioteca puede desempeñar un papel como centro de educación cívica práctica.

Conclusión Después de un año escuchando a la gente, lo que más claro ha quedado es lo siguiente: a les residentes de Kingston les importa mucho su ciudad y sus vecines. Acudieron —a los centros comunitarios, a la biblioteca, en línea y en conversaciones personales— porque creían que las cosas podían mejorar.

Los retos son reales. Los costos de vivienda son elevados. La información está dispersa. La juventud necesita más apoyo. Las personas recién llegadas y les residentes de mucho tiempo no siempre se conectan entre sí. Pero junto a estas preocupaciones, percibimos un compromiso compartido por el futuro de Kingston y una disposición a ayudar a hacerlo realidad.

La gente describió lo que quería: una ciudad donde les vecines se conozcan entre elles a pesar de sus diferencias, donde las personas jóvenes tengan lugares donde sientan que pertenecen, donde la información circule con claridad para todes, donde las oportunidades económicas estén al alcance de todes, donde los espacios públicos se perciban como seguros y bien cuidados, y donde la vida cívica invite a la participación en lugar de generar frustración.

Estas metas son posibles si trabajamos juntes con determinación y constancia.

El rol de la Biblioteca de Kingston en los próximos años se guiará por lo que nos han transmitido les residentes. Reforzaremos nuestra posición como centro comunitario de confianza: una «sala de estar» neutral donde puedan reunirse diferentes grupos, un lugar donde la información sea accesible para todos, un espacio donde las personas jóvenes sean bienvenidas y se les incluya, y un aliado que ayude a les residentes a navegar por los sistemas y a descubrir oportunidades de servicio.

Iniciamos este proyecto de escucha con una pregunta: «¿En qué Kingston te gustaría vivir?». Les residentes respondieron con claridad y convicción. Pero aquí no termina el proceso de escucha. A medida que pongamos en práctica lo que hemos aprendido, seguiremos preguntando, seguiremos adaptándonos y seguiremos dando prioridad a las voces de las personas a las que servimos.

Las conversaciones pusieron de manifiesto algo de lo que Kingston ya cuenta en abundancia: gente comprometida. Nuestra tarea ahora es ayudar a canalizar ese compromiso hacia la acción.

Comité Este proyecto fue dirigido de forma colaborativa por un comité de voluntariado integrado por integrantes de la junta directiva, personal y líderes comunitarios:

Hayley Downs, Gerry Harrington, Lisa Lerner, Margie Menard, Clay Moodey, Susan J. Ragusa, Addie Smock, Sarah Wenk, and Ravin Williams

Agradecimientos

También queremos expresar nuestro agradecimiento a les numeroses colaboradores, anfitriones y miembres de la comunidad que han contribuido a hacer posibles estas conversaciones.

Claudia Berstell, la Burbuja de Broadway, Erica Brown, Laura Brown, Lisa Chambers, Jess Davis, Fátima Deen, Holly Gaiman, Andrea Gatzke, Elka Gotfryd, Christine Hein, Richard Heyl de Ortiz, Kwame Holmes, Centro Comunitario LGBTQ del Valle del Hudson, Tony Marmo, Verónica Martínez Cruz, People’s Place, Place Corps, Radio Kingston, el reverendo Eliacín Rosario-Cruz, Charlie Solidum, Kate Stryker, Teen Action Group, Enma Villacis y Frank Waters.

Un agradecimiento especial al personal e integrantes  de la junta directiva de la Biblioteca de Kingston por su inestimable apoyo a lo largo de todo este proceso, así como a les Amigues de la Biblioteca de Kingston por su generosa donación de refrigerios en cada evento.

Y, por último, nuestro más sincero agradecimiento a las numerosas personas que asistieron a las sesiones de escucha y que dedicaron su tiempo y compartieron sus opiniones con esmero y sinceridad. Sus voces constituyen el núcleo de este informe.